Hace veintialgún años más asistí a mi primera gran decepción,
al hecho que me abrió los ojos a lo que en lo sucesivo sería una realidad tan
cruel como frecuente, al acontecimiento que marcó el final de mi infancia, al suceso
que transformó mi crédula visión del mundo en una desconfianza de lo más
chunga.
—Y el
premio “más bonito que un san luis” al niño más limpio es para… —la monitora
del campamento guardó silencio un par de segundos y lo soltó—: ¡Daniel! —¿cómo?
¡Venga ya!
¿¿¿Daniel???
Miré a mi alrededor esperando que se elevasen voces de “¡tongotongosupertooooongo!”
y el cielo cayese sobre nuestras cabezas por tamaña injusticia pero no sucedió
nada. Daniel sonrió, apartó la silla en la que se sentaba y avanzó a recoger su
premio, mientras su tienda llena de mugre, sus calcetines apestosos y sus
tirones de trenzas a niñas que rozaban la santidad por su comportamiento pasaban
desapercibidos.
Sólo tenía siete años pero soy una chica lista y aprendí
la lección: los premios no son de fiar.
Luego
vinieron el Oscar a la mejor actriz reparto de Marisa Tomei (todo el mundo sabe
que el presentador se equivocó de sobre en la lectura pero la ceremonia siguió
y nadie tuvo valor de rectificar, que Marisa es simpática y se notó que le hizo
mucha ilusión), el Nobel de la Paz a Obama (aunque su forma de afrontar los
problemillas sea más parecida a la del Capitán Trueno que a la de Gandhi), o el
primer puesto en Gran Hermano 1 de Ismael (entre nosotros, hace un par de meses
casi me atropella…, y no diré más) (pero no me pilló porque era presuntamente incapaz
de mantener el volante derecho…) (y no diré más) (pero que conste que he
escrito presuntamente, y en negrita).
Y cuando pienso que estoy preparada para todo, que los años me han hecho más fuerte y que mi capacidad de asombro está cayendo en picado, me
entero de que Juan Ramón Lucas lleva conduciendo sin puntos en el carnet desde
2010 y justo ese año le concedieron a su programa de radio el Premio
Periodístico de Seguridad Vial. A pesar de mi experiencia previa en sanluises, óscares y nóbeles me he quedado flipada: ¿con qué cara
se recoge un premio tan... contradictorio con la propia personalidad?
Total,
que no doy crédito…
(*) No
hablo del Oscar de este año a Jennifer Lawrence en vez de a Jessica Chastain
porque Jenni iba muy mona, me cae guay y estoy convencida de que la CIA estuvo
detrás…